 |
|
Infancia Torturada: Erin Pizzey fue
maltratada por su padre y por su madre |
Aunque
recuerdo poco de mis primeros años, crecí en un
mundo de extraordinaria violencia. Nací en 1939 en
Tsingtao, China y muy pronto después mi familia se
trasladó a Shangai con mi padre diplomático, fuimos
capturados por el ejército de invasión Japones. En
1942, la guerra estaba acercándose y fuimos
mantenidos en arresto domiciliario en la casa, hasta
que fuimos intercambiados por prisioneros de guerra
Japoneses y puestos en el último barco que salió de
China.
Mi padre fue enviado a Beirut por el servicio
diplomático y nosotras quedamos como refugiadas en
Kokstad, Sudafrica. De vivir en una casa enorme con
una flota de sirvientes y una niñera, mi hermana
gemela Rosaleen y yo estuvimos de repente a merced
del mal temperamento de mi madre Pat. Y era
violento. Habiendo escapado de la brutalidad de la
guerra, fuimos introducidas en una nuevo estilo de
crueldad domestica.
Ciertamente, el temperamento explosivo de mi madre y
el comportamiento maltratador, modelaron como ningún
otro acontecimiento de mi vida, a la persona en que
me convertí mas tarde.
Treinta años más tarde, cuando el feminismo irrumpió
en escena, fui a veces confundida con una seguidora
del movimiento. Yo no he sido nunca una feminista,
porque, habiendo experimentado la violencia de mi
madre, yo siempre supe que las mujeres pueden ser
tan despiadadas e irresponsables como los hombres.
 |
|
Maltratada emocionalmente: Erin de niña (izquierda) y su hermana gemela Rosaleen con sus padres |
Por cierto,
voy a ir mas allá para decir que el movimiento que
proclamaba que todos los hombres son potenciales
violadores y maltratadores estaba basado en una
mentira, que si se deja prosperar, resultará en la
completa destrucción de la vida familiar.
Desde los primeros comienzos, yo luche contra mi
madre y rápidamente aprendí a disociar yo misma del
dolor de sus palizas.
Sin embargo sus palabras quedaron conmigo toda mi
vida. ‘Eres una inútil, perezosa y fea’, gritaba.
‘Te pareces a la familia de tu padre – basura Irani.’
Eran palabras despiadadas que he oído repetir una y
otra vez a madres en muchos sitios. Por el
contrario, cuando mas tarde yo abrí el refugio para
mujeres maltratadas, 62 de las primeras 100 mujeres
que entraron por la puerta eran tan maltratadoras
como los hombres que habían abandonado.
Ella sin embargo, estaba en lo cierto: me parecía a
mi padre, Cyril. Mientras que mi hermana gemela era
delgada y tenía el pelo largo y oscuro, y los
profundos ojos azules de mi madre, yo era gorda y de
pelo rubio, desgarbada, bulliciosa y con desparpajo.
Tenía solo cinco
años pero sabía que mi madre no me gustaba
Tenía solo cinco
años, pero sabía que mi madre no me gustaba. Y sin
sirvientes que ahora la refrenaran, arremetía cuando
a ella le daba la gana.
Cuando por fin nos unimos con mi padre en un piso de
Beirut, pronto me di cuenta de que él tampoco era un
santo. Él constantemente gritaba y se enfurecía con
todos nosotros.
Estaba particularmente consumido por los celos.
Incluso aunque maltrataba verbalmente a mi madre y
rara vez mostraba su afecto, parecía impulsado a
seguirla a todos lados como un perro guardián.
Si ella hablaba por teléfono, el la acribillaba a
preguntas hasta que se le saltaban las lagrimas. Si
salía de compras, él caminaba de un lado a otro de
la habitación hasta que volvía y explotaba en furia
si ella volvía más de cinco minutos tarde.
Odiaba a mi padre con todo mi infantil corazón – y
estaba verdaderamente aterrorizada por él. Medía
seis pies y cuatro pulgadas de alto, constitución
enorme y tenía una gran tripa que colgaba sobre su
cinturón. Miraba fijamente con brillantes y redondos
ojos azules y tenía una gran boca descuidada que
babeaba sobre mis labios cuando me besaba.
Nunca creyó en los baños, que decía eran
debilitadores’ y fumaba latas de Cigarrillos Players,
que le hacían oler como un cenicero. Sus rabias eran
explosivas e impredecibles.
 |
|
Lozana: Erin Pizzey fundadora del Refugio de caridad para la violencia domestica, fotografiada aquí cuando tenía solo 11 años |
Pero a parte de
su torpe y previsible forma de brutalidad masculina
-- nacida de ser el décimo séptimo hijo de un padre
Irlandes violento- fue la forma de maltrato mas
emocional, verbal, de mi madre la que me marco mas
profundamente.
Ella se permitía una particular clase de asesinar el
alma - y fue su crueldad la que, aun 60 años
después, todavía me hace llorar y me deja convencida
de que el feminismo es una táctica cínica, e
insensata.
Desgraciadamente, por aquel entonces lo que yo
quería mas que nada era que mi madre me quisiera –
algo que nunca sentí que lo hiciera verdaderamente.
Y bien, cuando mi papá fue destinado a Chicago, y
seguí a mi madre a Toronto para vivir con mis
padrinos, estaba en principio esperanzada. Creía que
sin la presencia de mi padre, ella tendría tiempo
para ser una madre auténtica.
Pero una vez en el seno de una familia normal pronto
apareció mi propio comportamiento disfuncional.
Parece que ya había sido dañada demasiado malamente
por el odio de mi madre hacia mí.
Estaba siempre en problemas en el colegio, alentando
a los otros niños a comportarse tan mal como yo lo
hacía. En una ocasión, me cogieron estando sentada
en el umbral regalando el dinero que le había robado
a mi madre del bolso.
No hay ni que decirlo, mi madre se volvió loca. Ella
me llevó arriba y me pegó con un cinturón de metal
hasta que la sangre me bajó por mis piernas. Le
mostré mis lesiones a mi maestra la mañana siguiente
- pero ella solo las contemplo impasible y no hizo
nada.
Muchos años más tarde, cuando los feministas
comenzaron a demonizar a todos los padres, estas
imágenes sombrías continuamente me recordaban la
verdad – que la violencia domestica no es un asunto
de género.
Me pegó hasta que la
sangre me corrió por las piernas
Pronto tras la
Guerra, mi padre fue enviado a Teherán y todos nos
fuimos a vivir con él. Fue únicamente cuando le vi
de nuevo, fue cuando me acorde de lo mucho que le
odiaba.
El volvía a casa de la oficina, y según metía la
llave en la cerradura me quedaba helada. A menudo le
oía tosiendo al otro lado de la puerta – todavía era
un fumador empedernido - y escupir flemas en las
flores.
Sus ojos eran las ventanas de sus violentos estados
de ánimo. Si estaban estrechos y rojos, sabía que él
estaba furioso y sólo sería cuestión de tiempo el
que se brotase.
Pero mi odio a mi padre era puro y no contaminado
por cualquier otra emocion. Mis sentimientos hacia
mi madre, sin embargo, eran mucho más complicados.
Tanto como me sentía desconsolaba por su odio hacia
mi, aun luchaba verdaderamente por su amor. De
hecho, tuve momentos de gran compasión hacia ella
cuando la vi llorando y gimiendo delante de mi
padre.
Ocasionalmente, ella contraatacaba contra su
brutalidad. Media solo 4pies y 9 pulgadas de alto,
pero mi madre era sumamente fuerte y su lengua era
letal. Ella le acusaba de ser un zoquete y un
idiota. Llamaba a su madre prostituta y a su padre
borracho irlandés común.
 |
|
Envejeciendo con dignidad: Erin Pizzey como
está en la actualidad |
De manera poco
sorprendente, mi hermano y mi hermana fueron ambos
niños retraídos y silenciosos. Mi hermana padeció de
dolores de cabeza, eczema supurante y misteriosos
días de parálisis en los que era incapaz de
levantarse de su cama.
Para los de fuera, mi padre era un hombre amable,
inteligente y mi madre una famosa anfitriona de
fiesta con tres bellos niños y una perfecta familia
diplomática. De hecho, mis padres fueron ambos
violentos, personas crueles y todos nosotros fuimos
profundamente perjudicados.
En 1949, mi papá fue enviado de vuelta a Tien Sien,
en China. Me dejaron interna con mi hermana gemela
en un colegio - Leweston, cerca de Sherborne en
Dorset - y mi hermano acompañó a mis padres.
Sin embargo, muy poco después de que mis padres
tomaran posesión del cargo, fueron capturados otra
vez - esta vez por los comunistas - y estuvieron en
arresto domiciliario durante tres años.
Sin ellos, sentí una verdadera sensación de paz y
amé mis vacaciones en St Mary en Uplyme, una casa de
vacaciones para niños cuyos padres estaban al
extranjero. La Sra. Williams, que dirigía el
negocio, fue el primer adulto al que yo en realidad
admiré y respeté. Ella llegó a ser mi mentor.
Pero este idilio fue desbaratado cuando oí que mis
padres habían sido puestos en libertad. Recuerdo que
en el convento me llamaron al teléfono para hablar
con mi madre. Había borrado completamente de mi vida
a mis padres y así cuando oí su acento canadiense,
solo acabe llorando bajo el telefono.
¡‘Usted no es mi madre’! grité, excesivamente
consciente de que todo el circo estaba a punto de
comenzar de nuevo.
Cuando mi madre regreso por primera vez a una casa
en las afueras de Axminster, disfrutamos de una
incomoda tregua. Ahora, yo era mas alta que ella y
también demasiado grande para que ella me pegara.
En lugar de eso, ella comenzó a enumerar los
defectos de mi padre y las atrocidades que él nos
había infligido a todos nosotros, como si yo fuera
ahora su confidente. Ella me contaba cuánto le
odiaba y que ellos nunca deberían haberse casado.
'pero me quedé para ti,' me dijo. 'Me quedé porque
quería que fueras a un colegio privado y disfrutes
de un confortable estilo de vida.'
Tomé la decisión de que
apuñalaría a mi padre
Otra vez más, ella
estaba desatando su peculiar marca de crueldad
emocional, y colocando toda la responsabilidad - y
la culpabilidad - en mí. Fue un patrón de
comportamiento que presenciaría una y otra vez entre
algunas de las mujeres en mi refugio.
El día en que mi padre debía de unirse a nosotros en
la nueva casa, mi madre era un manojo de nervios.
Estaba llorando y agarrándose a mí, exigiendo que la
protegiera. 'No le quiero en ningún sitio cerca de
mí, ' ella dijo.
En familias disfuncionales, los niños, sin importar
lo mal que hayan sido tratados, intentarán tomar el
papel de progenitores. Para mí, esto incluso
significaba proteger y confortar a mi madre.
Y así, en la noche del regreso de mi padre, cogí un
gran cuchillo de trinchar de la cocina y me acerqué
al dormitorio de mis padres, donde miré con atención
a través de un boquete en la puerta. Pasaron la
noche en camas separadas y yo tomé la extraordinaria
decisión de que le apuñalaría si él intentaba
forzarla.
Yo estaba, después de pensarlo, siguiendo las
tácitas órdenes de mi madre. Sorprendentemente ella
me había manipulado hasta tal punto, que estaba
dispuesta ahora a cometer un homicidio para ella.
Ciertamente mi padre intentó hablar de sus
intenciones, desde su cama. Por fortuna sin embargo,
él no lo intento físicamente. Si lo hubiera
intentado, él ahora estaría muerto y mi vida habría
resultado muy diferente.
En los 1950s, mientras estaba trabajando en Hong
Kong, mi madre fue diagnosticada de cáncer terminal.
Regresé a nuestra casa de cerca de Axminster - y
encontré a mi padre impasible.
En ese momento estaba tratando de obligar a mi madre
a traspasarle a él, la posesión de su dinero - ella
había recibido de su padre una herencia considerable
-. Semana tras semana, en el hospital local rural,
ella se negó y semana tras semana, él echó pestes y
despotricó de ella, mientras ella se retorcía de
dolor. Les rogué a las enfermeras que le detuvieran,
pero dijeron que nadie podía interponerse entre un
hombre y su esposa.
Al principio, mi madre se negó a creer que se estaba
muriendo. Pero cuando mi padre finalmente la doblegó
y la intimidó a firmar los escritos, su vida comenzó
a ir apagándose de verdad.
Murió el 16 de septiembre de 1958, y a mi padre le
trajeron el cuerpo a casa y le colocaron en el
comedor. Esa noche, mientras ella yacía al lado, nos
sentamos a cenar en la mesa en el vestíbulo.
Nos hizo permanecer
despiertas con la visión de su cuerpo
descomponiéndose
Después de la
cena, mi padre nos mandó entrar al comedor, donde
estaba abierto el ataúd de mi madre, cubierto con
una tela roja. Mi hermano, mi hermana y yo le
rogamos a mi padre que no quitara la tela, pero
cuando cerramos por un momento los ojos para rezar
una oración por ella, los abrimos para ser
enfrentarnos a la palidez de su cara. Lúcidamente
recuerdo que había algodones sobresaliendo de su
nariz.
Todas las noches, aguantamos despiertos delante del
cuerpo de mi madre y cada noche ella estuvo expuesta
a la humillación de tener a sus hijos viendo su
visible descomposición. Por fin, seis días después,
mi padre la enterró.
Salí de casa al día siguiente y sólo le vi una vez
más - cuando llevé sus cenizas a la tumba de mi
madre en 1982.
Sólo decidí hablar de mi traumática infancia la
semana pasada - en un programa de radio de la BBC
llamado ‘La Casa donde crecí’ – pero decidí hace
mucho tiempo que no repetiría las tóxicas lecciones
que aprendí de niña. En lugar de eso, me convertiría
en una superviviente.
Me di cuenta de que el feminismo era una mentira.
Las mujeres y los hombres son ambos capaces de
extraordinaria crueldad. Ciertamente, la única cosa
que un niño realmente necesita - dos padres
biológicos bajo un techo-, estaba siendo socavada
por la misma ideología que proclama hablar en
defensa de los derechos de mujeres.
Este país está ahora al borde de un serio colapso
moral. Debemos parar el demonizar a los hombres y
comenzar a sanar la brecha que el feminismo ha
creado entre hombres y mujeres.
La filosofía insidiosa y manipuladora de Harriet
Harman, de que las mujeres son siempre víctimas y
los hombres siempre los opresores, sólo pueden
continuar este ciclo indecible de violencia. Y son
nuestros hijos los que sufrirán.
(traducido con permiso de la autora por CL-maltrato.eu)