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Estábamos sentados alrededor de una mesita de
café en mi casa, en Goldhawk Road, Hammersmith en Londres,
escuchando a una mujer mandona que llevaba una gafas redondas,
de las del Servicio Nacional de Salud y una larga falda India.
Ella olía a incienso y a lavarse poco. Todos nosotros
consumíamos poco a poco grandes gin-tonic que era la bebida
principal de las reuniones semanales de las Mujeres Liberadas en
el Goldhawk Road.
Estábamos tratando de seguir sus complejas explicaciones sobre
nuestro 'papel en la sociedad.' Hasta donde supe, yo tenía un
papel muy simple en la sociedad. Siempre había querido tener
montones de hijos, estar felizmente casada libre para ocuparme
de mi casa y mi jardín y cocinar tres comidas para mi marido.
'¿Que podía posiblemente ser equivocado en lo que pregunté?'
'Por qué,' dijo ella coléricamente, ¿'son tantas las mujeres
casadas que son privadas del estatus de seres humanos
independientes?' La respuesta fue; Porque el matrimonio se basa
en el concepto de propiedad, por eso debe ser abolido. Miré a
las otras mujeres del grupo, Ángela, una maestra que tenía más
que una idea de lo que estaba ocurriendo. Ella se había
preparado como maestra y estaba acostumbrada a esta conjunto de
lenguaje confuso. '¿Qué está mal en poseer una casa?' Pregunté.
Yo era obviamente una incurable ‘cabeza hueca’. 'Usted, 'dijo
volviéndose hacia mi, ' vive en una trampa forrada de visón,' su
cara estaba congelada de ferocidad. Decidí que mejor me callaba
y veía en que mas estaba equivocada. '¿Por qué son las buenas
costumbres de nuestra sociedad injustas para las mujeres?' Fue
su siguiente pregunta. La respuesta para eso fue ' Porque los
hombres son opresores naturales.'
Este no era el momento de confesar el hecho de que yo no solo
tenía un hijo sino también 7 hijos adoptados. Ciertamente, mi
hija Cleo y yo luchamos en una familia donde dos mujeres estaban
enfrentadas con nueve varones. La cosa más agobiante que
hicieron alguna vez los niños fue dejar pelo en la palangana del
lavado y todos ellos podían cocinar, planchar, coser y limpiar.
La pregunta final fue aún más confusa. '¿Por qué el amor de una
mujer es para un hombre, lo cual implica ser la criada de sus
necesidades, loado como 'su ' máximo cumplimiento?' La respuesta
redujo la habitación a un silencio enigmático. 'Er, 'pregunté
¿'Estamos hablando de lesbianas?' Estábamos. 'Nosotros,' siempre
utilizan el nosotros mayestático.............. 'A nosotros….no
nos gustan los hombres ni las mujeres heterosexuales. Si cada
uno tiene que ser igual, el matrimonio y la familia deben ser
abolidos.' Nos sentamos allí mirando embobadas y ella me fulminó
con una sonrisa muy satisfecha.
Había seguido la carrera de una periodista llamada Nancy Spain.
Trabajaba en la revista ‘SHE’. Sus radicales ideas lesbianas me
interesaron y ella escribía para el Guardián mucho antes de que
la Mafia de periodistas feministas entrara en el ‘Guardian’.
Ella murió en un accidente de aviación, pero dejó tras de si a
muchos de su acólitos. Estas fueron las caras que vi en aquellos
primeros días de los colectivos feministas. Fui a trabajar al
Taller de Liberación Feminista en Newport Street, a las afueras
de Shaftesbury Avenue. También asistí a las primeras
convenciones de mujeres y me sorprendió los cientos y cientos de
mujeres que gritaban ser militantes lesbianas radicales. Las
primeras conferencias de mujeres fueron echadas abajo por
violentos puñetazos de entre estas mujeres, y la mayor parte de
nosotros tuvimos mucho miedo de ellas. En lo que me preocupaba,
estas mujeres no hablaron por mis amigos homosexuales más de lo
que las feministas radicales hablaron por todas las mujeres que
estaban muy felices en casa con sus maridos y sus niños en
nuestro país. En realidad, éste era un grupo de mujeres
minoritario, que sólo eran capaces de proferir insultos a las
mujeres heterosexuales y sus familias porque eran blancas, de
clase media y tenían trabajos en los medios de comunicación. Muy
pronto se empleaban las unas a las otras ‘marginando’ a los
hombres que intentaban trabajar junto a ellas. Los hombres,
intimidados por su brutal comportamiento violento, empezaban y
se cambiaban de muchos trabajos. Según estas mujeres, todas las
mujeres fueron víctimas del comportamiento violento de los
hombres, cualquier intento de los hombres de contraatacar chocó
con ocultas estratagemas……… y los hombres CONSINTIERON. Harta de la guerra, decidí mantenerme lejos de la pelea interna
que dominaba el Movimiento de Liberación Femenina y fijar la
atención en ayudar en mi propia comunidad local. Me llegó una
carta de la oficina del Movimiento de Liberación Femenina,
expulsándome y prohibiéndome asistir a cualquier de los
colectivos. El así llamado ‘Movimiento de Liberación Femenina’
el movimiento se diseminó como un cáncer a través de las clases
de conversación de inglés. Visité las casas de las mujeres
feministas con mi hijo, que llevaba sus juguetes del ‘action
man’. En sus casas no había vestigio de nada 'de chico'. Ningún
camión ‘Tonka’, ningún juguete de chico – nada que pudiera
alentar a un niño a pensar de sí mismo en masculino.
Consideramos que en aquellas casas, perturbaba la total idea de
hombres y masculinidad. Nosotras, las madres, sentadas alrededor
de las mesas de cocina reordenando el mundo según Marx. Yo, que
había disfrutado enormemente de la compañía de los hombres, como
consecuencia de los sentimientos que estas mujeres esconden bajo
toda su palabrería política, objetivamente me hubieran
desagradado los hombres. No había nada sensual en sus casas. Les
desagradaba cocinar y si tenían que cocinar para invitados, no
realizaban buenas comidas con vino que deleitara a sus
invitados, sino una necesidad más bien rápida de competir con
ellos. ¿Era eso, me preguntaba, un fenómeno inglés de clase
media? ¿Esta aversión y necesidad de burlarse de los hombres?
Ciertamente sus niños estaban confusos y llorando. No había
forma en que pudiera interesar a mis hijos en las muñecas, ni lo
quería intentar. Era inútil decirles a estas mujeres que Marx
nunca hizo nada por las mujeres. Fue cruel con su familia y se
negó a tener a mujeres en el Buró Político. Los gurús feministas
habían cumplido bien con su trabajo y la mayor parte de las
mujeres que conocí se quejaban de sus horribles vidas. No pude
ver, qué era lo horrible en tener la libertad de hacer
exactamente lo que quería y cuando quería. Para mí no era la
prisa diaria de la oficina. Empujaba mi cochecito de niño
alrededor del Bush Market de Shepherd cargada con mis hijos y
los de otras personas. Soñaba con encontrar una casa donde
pudiera construir un centro comunal útil en nuestro medio. El sueño se materializó pero con el, la horrible certeza de si
yo atraería fondos y publicidad. Oiría el rumor de las
‘odia-hombres’ feministas intentando derrocarme y relevarme. Eso
es lo que sucedió, y el primer encuentro que organicé para
alentar a otros grupos a abrir refugios, fue dominado por las
lesbianas y las feministas que entraron en tropel en nuestro
pequeño vestíbulo de la iglesia y se votaron ellas mismas en un
movimiento nacional. Nosotros, horrorizadas y sin costumbre en
las maniobras políticas, nos abstuvimos. 'No hay una mujer de
clase obrera entre ustedes,' gritó una de mis madres. Ésta
siempre ha sido la verdad de este desastroso movimiento. Nacido
en una escuela de torre de marfil, no tuvo relevancia para las
mujeres de la calle. 'Solo si todas ustedes fuesen las
lesbianas, ustedes no tendrían problemas de violencia,' nos
dijeron. Con frecuencia tuvimos en nuestro refugio a mujeres
apaleadas por sus parejas hembras. La peor paliza que yo he
visto nunca, fue entre la hija de un párroco y su amante
femenina. A lo largo de mi carrera, como periodista, escritora y
reformadora social, yo he estado acosada e intimidada por
mujeres feministas y su largo manto de ‘hombres nuevos’.
Cualquiera de nosotros que haya ido a todos los colegios para
chicas, particularmente los internados, corroborará la terrible
intimidación y violencia que continúa entre las chicas. Durante
demasiados años las mujeres fueron unas tiranas de puertas para
adentro. Fueron capaces de abusar sexualmente, pegar e intimidar
a sus hijos y a sus maridos, ahora con la llegada del movimiento
de las mujeres, se mudaron adentro del mundo. Llevando con
ellas, su agresividad, acoso y comportamiento intimidatorio.
Hablando con hombres que fueron acusados de maltratar a sus
mujeres, me di cuenta de que este movimiento con sus salvajes y
extravagantes demandas contra de hombres, han alimentado las
llamas de la inseguridad y la rabia en los hombres. Observé
horror inflingido en una y otra casa, vi a niños que se les
negaba no solo el contacto con sus padres, sino también el
contacto con todo lo que fuera normal o masculino en sus vidas. Nuestras universidades se lanzaron en conseguir financiación
para los ‘Estudios de las Mujeres.’ Las ‘Políticas de Género’ se
convirtieron en el método nuevo para programar a las mujeres con
muy poca educación. Por ahora el movimiento de lo ‘Políticamente
Correcto’ comenzaba a salir del cascarón y fue ideada una nueva
forma de 'control de mente'. Las feministas llegaron a ser el
nuevo ‘pensamiento policial.’ La repentina promiscuidad de las mujeres me causó un gran
impacto emocional. La atmósfera de antipatía contra los hombres
y cualquier cosa que fuese masculina, yacía como una miasma en
demasiadas casas inglesas de clase media. De la noche a la
mañana en Inglaterra, reinaba la confusión a finales de los años
sesenta. ¿Si las feministas odiaban tanto a los hombres por qué
tantas estaban acostándose con el enemigo? Soy hija de un
diplomático nacido en China y fue mi ‘amah’ [niñera] la única
que insistió en que mi hermana gemela y yo fuéramos abandonadas
en la colina. No consiguió que nos vendaran los pies, como
pretendía. Fueron las mujeres en África las que practicaron
circuncisiones rituales en sus hijas. Supe eso porque trabajé
con misioneros en África. Estaba combatiendo una causa perdida y
lo que me molestó entonces y me molesta ahora, es que los
hombres no intenten defenderse por si mismos. Ahora el ‘hombre nuevo’ comenzaba a surgir y él no era una
visión agradable. Repitiendo como un loro todo lo que le
enseñaba la mujer en su vida, frecuentemente se le podía
encontrar en las conferencias de mujeres, llevando las
guarderías e intentando parecer ‘bondadoso’. Mayoritariamente
estaba bebido…., confundido y enojado. Puede ser porque hasta
donde alcancé a ver, las nuevas feministas no hicieron ningún
esfuerzo por compartir una relación igual con sus parejas
masculinas. Se veían como ‘seres superiores.’ Se esperaba que
los nuevos hombres se colocaran unos pasos por detrás de sus
mujeres e hicieran lo que se les dijera. En su mayor parte,
tuvieron que aceptar los dictámenes de los dictadores y
calladamente llevar los quehaceres de la casa y cuidar de los
niños. Pero hiciera lo que hiciese el nuevo hombre, él nunca
podría expiar por los pecados de otros hombres. Cualquier hombre
que desobedecía a su pareja, estaba supeditado a la expulsión de
la casa matrimonial y en muchos casos, de la relación con sus
hijos. Ahora, había un ejército de abogados y terapeutas
feministas para hacer que sus ‘hermanas’ fueran completamente
apoyadas en las batallas para destruir a los hombres. ¿Por qué hicieron que las relaciones entre hombres y las mujeres
fueran tan maléficamente erróneas? Pienso que esto vuelve a mi
disconformidad con las opciones de los hombres y las mujeres en
los sesenta. Los hombres estaban cansados de sus papeles como
‘los machotes.’ Estaban ahogados en sus uniformes de trajes y
corbatas. A finales de los cincuenta, no tuvieron otra elección,
que cargar con una esposa, unos hijos y el coste de una hipoteca
colgado de sus cuellos. En los años sesenta se rebelaron y
quisieron tomar un papel menos violento y esclavizando en sus
vidas. Recurrieron a esta imagen romántica de las mujeres como
suaves y amables. Vieron esta imagen como un estilo de vida
afectiva negada a los hombres. Las mujeres, sin embargo, se
rebelaron contra esa imagen de si mismas, verdaderamente en
muchos casos era una falsa imagen, y condenaron los conceptos
masculinos de autócrata dominador y agresor, incluso para llevar
los odiados trajes y corbatas que los hombres habían descartado.
Los hombres, durante tanto tiempo, se supeditaron emocionalmente
a las mujeres y odiaron a las mujeres por su dependencia. Las
mujeres adoptando los papeles acosadores y agresivos masculinos,
incluso odiando el hecho de que necesitan y quieren a los
hombres en sus vidas. ¿Qué es necesario que pase? Ante todo tiene que haber un
cuidadoso civilizado y calmado dialogo, que no puede ser
alterado ni por la izquierda ni por la derecha. Los dos, hombres
y mujeres han sido culpables de politizar las relaciones
humanas. Las relaciones humanas no son cuestión de soluciones
políticas. Cualquier país que ha intentado crear una solución
política a los problemas humanos, ha terminado con campos de
concentración y ‘gulags’. Las profundas heridas entre hombres y
las mujeres tardarán tiempo en curar. Es imperativo que las
mujeres que no odian los hombres y desean vivir en paz con a
ellos, deberían tener espacios en los periódicos y revistas para
expresar lo que piensan. Las películas deberían hacerse sobre
las mujeres que han conseguido éxito en sus casas y sus
familias. Sacar a flote a una familia requiere un gran nivel de
madurez. Una habilidad para sublimar las necesidades y deseos
personales hasta que los niños estén criados y hayan dejado la
casa. Más tarde, esos años de sacrificio les reportaran mucha
alegría a los progenitores. Por supuesto, habrá mujeres que
quieren trabajar y no tener una familia. Con tal de que las
mujeres claramente hayan elaborado sus prioridades no hay daño.
Desde hace poco, mi vida está demasiado llena de mujeres de casi
cuarenta años que han cumplido sus carreras profesionales, pero
el reloj biológico les está sonando y están asustadas. Ahora
deciden que quieren tener hijos y un padre para sus hijos – para
demasiadas es muy tarde y el futuro, para ellas no es brillante.
Algunas mujeres podrán equilibrar entre la carrera profesional y
un hogar. Estas mujeres tienden a estar bien económicamente y
pueden permitirse la ayuda necesaria para criar a los niños.
Muchas mujeres se verán forzadas a dejar sus trabajos en contra
de su voluntad. Esto es porque vivimos en un mundo Occidental
donde cuidar a los niños se ha vuelto desvalorizado y sólo el
trabajo fuera de casa conlleva una compensación monetaria. Creo
que el amor entre hombres y mujeres es la relación más fuerte de
la tierra. Por ahora, tenemos que pelear por proteger la vida
familiar. Si Dios quiere, según entramos en un nuevo siglo, los
hombres y las mujeres pueden conocerse el uno al otro no sólo
como iguales, parejas y amigos sino que también como amantes.
Traducido del Original “How The
Women's Movement Taught Women to Hate Men”, de Erin
Pizzey ©, con permiso expreso, por C. L. para
www.Maltrato.eu |